CLUB FINANCIERO ATLÁNTICO - A Coruña, 2008

Conocí al Alberto que burla burlando, nos conducía a una abstracción sólo capaz de un artista que ya llevaba en su paleta los colores armónicos de los que son dueños y señores los pintores difícilmente igualables.

Después dio el doble salto mortal; pero a la inversa, con su entrada -¡más difícil todavía!- a una figuración. Sobre todo cuando la autocensura aplaudía a la censura oficial y rechazada, por erótico, lo más natural: el cuerpo humano.

Oscar Wilde exigió que la naturaleza imitase al arte. Picasso tiranizó a sus modelos pidiéndoles que terminasen pareciéndose a sus retratos.

Alberto, con sus desencarnadas arboledas siempre otoñales, con sus paisajes, sus transparencias marinas y todo, absolutamente todo su mundo que sólo puede encontrarse en él, es un prestidigitador que crea belleza. Pero cuando creemos descubrir sus secretos, el quid de sus trucos, ya nos está sorprendiendo con un nuevo milagro. Y merece ser no sólo admirado, sino aprehendido por cuantos tenemos la suerte de reencontrarnos con sus nuevas facetas que no son, ni más ni menos, juegos totalmente renovados de su amplísimo repertorio.

Vigilaré mi entorno después de salir de esta maravillosa exposición. Trataré de que los modelos se parezcan realmente a lo que nos está mostrando. La naturaleza debe intentar parecerse e incluso imitar a este espléndido Alberto.

Antonio D. Olano

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Sin título. 2008. Óleo sobre lienzo. 46 x 61 cm (Colección privada).
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